VIH: Descubren mecanismos que pueden permitir avanzar hacia la cura

Salud 24 de agosto de 2022 Por Bajo la Lupa Noticias
Científicos del Conicet logran relacionar entre sí tres factores que le permiten al virus mantenerse en el cuerpo. Expectativas.

Se supone que lo sabemos, pero no está de más repasar: el VIH causa la pérdida progresiva de un tipo de glóbulos blancos; y si la infección sigue su curso natural desemboca en sida. Pero hace tiempo que no tiene por qué ser así: se puede tratar; se sabe cómo prevenir y está demostrado que si se logra hacer indetectable la carga viral (es decir, la cantidad de virus en sangre), el VIH no se transmite en relaciones sexuales sin protección. Hay además ensayos de vacunas preventivas.

Pero también es cierto que el virus persiste latente en un pequeño grupo de células (llamadas reservorios), y que si se interrumpe la terapia puede volver a replicarse. Sin embargo, están soplando suaves pero buenos vientos en nuestro país: un equipo interninstitucional del Conicet ha encontrado algunas llaves para empezar a abrir puertas hacia la cura.
 
Entender para curar
Lograr la cura esterilizante (erradicación completa de carga viral y de reservorios) es uno de los objetivos centrales de quienes investigan VIH: permitiría dejar el tratamiento sin riesgo de que el virus vuelva a replicarse. Para ello -destaca un comunicado del Conicet- para ello es clave entender mejor cómo funcionan los reservorios, y el trabajo conjunto de dos centros nacionales de investigación está hallando algunas respuestas. Esas llegan de la mano de tres protagonistas (y del circuito que arman entre ellas): unas estructuras diminutas de todos los fluidos del cuerpo que se conocen como vesículas extracelulares; unas células del sistema inmune llamadas macrófagos y una proteína, la Galectina-1 (más fácil, Gal-1), que revierte la latencia del virus (es decir, lo reactiva) y hace crecer el reservorio.

¿Por qué es importante? “Porque muchas personas con VIH, aun en tratamiento efectivo, tienen una persistente activación del sistema inmune y un estado de inflamación crónica; y eso se considera una clave de la persistencia del reservorio”, explica Matías Ostrowski, investigador del Conicet en el Instituto de Investigaciones Biomédicas en Retrovirus y Sida. “En trabajos anteriores habíamos mostrado que, en las personas con VIH, las vesículas extracelulares estimulan que los macrófagos produzcan inflamación -añade-. Este trabajo nuevo mostró que también los llevan a expresar altos niveles de Gal-1 y a que la secreten en sangre. Y que esa proteína, al interactuar con los linfocitos infectados, revierte la latencia”. La hipótesis es que esa acción de Gal-1 puede ser uno de los impedimentos de la cura , y que detener el proceso sería una solución.

“Otra alternativa sería, por el contrario, estimular la expresión de Gal-1 para ‘despertar’ células infectadas y atacarlas mediante otras drogas”, explica por su parte Gabriel Rabinovich, director del Laboratorio de Glicomedicina del Instituto de Biología y Medicina Experimental.
 
Colaboración productiva
De la confluencia de las dos líneas de trabajo nació un estudio, que forma parte de la tesis doctoral de Julia Rubione, entre 2015 y 2020 becaria doctoral del Conicet.
Los ensayos realizados incluyeron análisis de muestras de diferentes grupos de personas con VIH y experimentos in vitro en cultivos con tejidos de esas personas. “Se determinó que en la sangre de los individuos con VIH aumentan considerablemente los niveles normales de Gal-1. Y pudimos asociar ese incremento con la inflamación crónica de las personas con VIH, así como con aumento en la actividad del reservorio viral”, relata Rubione.

Esto permitió confirmar que el aumento de Gal-1 en sangre de personas con VIH se asocia tanto al fenómeno inflamatorio como a la acción de las vesículas extracelulares. Y también, sugerir que la proteína secretada por macrófagos proinflamatorios estimulados por vesículas extracelulares revierte la latencia del VIH.
 
“Las pruebas in vitro nos permitieron armar el circuito y entender sus mecanismos; después volvimos a las muestras para validar el efecto descripto: tomamos células de personas con VIH, las expusimos a Gal-1 y vimos que el virus efectivamente se reactivaba”, describe Ostrowski, contundentemente.
¿Falta? Sí, y mucho. Pero -señalan los investigadores- los resultados invitan a profundizar el estudio de este circuito, que puede ser fundamental para diseñar terapias que permitan modular los reservorios virales. Y, de paso, encarar las patologías asociadas a la inflamación crónica en las personas con VIH.

Fuente: La Gaceta 

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