Más de la mitad de los argentinos se atrasó con algún pago por problemas económicos

Un informe de la Fundación Pensar y la consultora Casa Tres reveló que el 54% de los argentinos tuvo dificultades para cumplir con alguna obligación en los últimos meses. Entre quienes recurrieron al crédito, más de una cuarta parte lo utilizó principalmente para comprar alimentos.
Economía07 de octubre de 2026Bajo la Lupa NoticiasBajo la Lupa Noticias

La presión sobre los ingresos de los hogares argentinos se refleja cada vez más en la dificultad para afrontar los gastos cotidianos. Según un informe elaborado por la Fundación Pensar y la consultora Casa Tres, el 54% de los argentinos aseguró haberse atrasado o haber dejado de pagar algún compromiso por motivos económicos durante los últimos meses.

El dato aparece en un contexto de fuerte utilización del financiamiento. Casi seis de cada diez argentinos tomaron un préstamo, utilizaron una tarjeta de crédito o financiaron gastos recientemente. La proporción es todavía mayor entre las mujeres y los sectores de menores ingresos.

Pero el destino del crédito muestra uno de los aspectos más preocupantes del escenario relevado: para una parte de los hogares, financiarse ya no está asociado únicamente con la compra de bienes o consumos que pueden postergarse, sino con la necesidad de cubrir gastos esenciales.

Entre quienes recurrieron al crédito, el 26% lo destinó principalmente a la compra de alimentos, mientras que el 21% lo utilizó para afrontar gastos cotidianos del hogar. Otro 15% lo destinó al pago de servicios, impuestos u otras obligaciones y un 14% a cancelar deudas anteriores.

De esta manera, el informe plantea que el crédito pasó a cumplir, para algunos hogares, una función diferente: dejó de ser solamente una herramienta para comprar en cuotas y comenzó a utilizarse como un mecanismo para llegar a fin de mes.

Servicios y tarjetas, entre las principales obligaciones impagas

La mayor utilización del financiamiento tiene como contracara el crecimiento de los atrasos. Entre las personas que reconocieron haberse atrasado o haber dejado de pagar alguna obligación, los servicios aparecen en primer lugar, con el 46%, seguidos por las tarjetas de crédito, con el 36%, y los préstamos u otras deudas, con el 33%.

La situación presenta una diferencia marcada de acuerdo con el nivel socioeconómico. El atraso declarado alcanza al 72% de las personas de menores ingresos, mientras que desciende al 43% en el nivel medio y al 30% entre los sectores de mayores ingresos.

El panorama tampoco resulta alentador entre quienes ya tienen deudas. Apenas el 36% de los endeudados considera que podrá saldarlas, mientras que el 37% cree que no podrá hacerlo y otro 26% todavía no sabe si estará en condiciones de cumplir con sus obligaciones.

A esto se suma que, según el informe, en julio la irregularidad del crédito destinado a las familias alcanzó el 12,9%, con una incidencia especialmente importante en los préstamos personales y las tarjetas de crédito.

El estudio de Casa Tres mide una dimensión más amplia que la mora bancaria, ya que consulta a las personas por atrasos o incumplimientos en diferentes tipos de obligaciones económicas. Por eso, el 54% relevado no significa que la mitad de los argentinos se encuentre en mora bancaria, sino que una proporción importante de los hogares manifestó dificultades para cumplir con pagos de su vida cotidiana.

Endeudamiento y presión sobre los ingresos

El informe plantea así una tensión entre el mayor acceso al crédito y la capacidad real de los hogares para afrontar las obligaciones que asumen. La reducción de la inflación puede generar condiciones para recuperar el ahorro y el financiamiento, pero muchas familias continúan enfrentando ingresos ajustados, gastos esenciales elevados y cuotas que pesan sobre sus presupuestos.

En ese escenario, acceder a un crédito y poder pagarlo son dos cuestiones diferentes. Una mayor cantidad de usuarios y operaciones puede ampliar las posibilidades de financiamiento, pero también incorporar a personas con ingresos más inestables.

La situación también varía según la edad. Mientras los datos bancarios señalan una mayor incidencia de deudores morosos entre los grupos jóvenes, la encuesta registra más atrasos generales entre las personas de 45 a 60 años. A su vez, el mayor pesimismo respecto de la posibilidad de cancelar las deudas aparece entre los mayores de 60.

Los créditos hipotecarios presentan, en cambio, una irregularidad menor que otros tipos de financiamiento. El informe relaciona esta situación con las mayores garantías, exigencias de ingresos y criterios de selección que caracterizan a este tipo de préstamos, aunque aclara que ese comportamiento no puede trasladarse automáticamente al conjunto del endeudamiento de los hogares.

El debate sobre cómo abordar el endeudamiento

En paralelo, la Fundación Pensar señaló que el Congreso analiza diferentes alternativas para enfrentar el problema del endeudamiento. Los tres dictámenes que avanzaron plantean respuestas distintas: uno pone el foco en la transparencia y la prevención del sobreendeudamiento; otra propuesta plantea mecanismos de regularización obligatoria y límites, mientras que una tercera incorpora herramientas de refinanciación con apoyo estatal e insolvencia personal.

El informe advierte que una eventual solución no debería limitarse exclusivamente al sistema financiero. La posibilidad de aliviar una cuota puede ayudar a una familia que atraviesa una dificultad temporal entre sus ingresos y sus obligaciones, pero no resuelve una situación en la que existe un déficit permanente en el presupuesto familiar.

Cuánto deben quienes están en mora

Los montos adeudados también muestran diferencias importantes. De acuerdo con cálculos de EcoGo citados en el informe, la mitad de los morosos debe menos de $1,1 millones, aunque ese grupo representa solamente el 5% del monto total en mora.

En el extremo contrario, el 9,5% de los morosos, con deudas superiores a cinco salarios según la referencia utilizada por el estudio, concentra el 58% del monto irregular. El promedio de deuda dentro de ese grupo ronda los $18 millones.

La diferencia resulta relevante a la hora de diseñar políticas para afrontar el problema. Un programa puede alcanzar a una gran cantidad de personas y representar una porción pequeña del dinero adeudado, mientras que otro puede recuperar un volumen mayor de recursos atendiendo a menos casos.

El informe remarca, finalmente, que el monto de una deuda no determina por sí solo la capacidad de pago de una familia. Para evaluar cada situación también deben considerarse los ingresos, el patrimonio, las obligaciones simultáneas y las necesidades particulares de cada hogar.

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