Cómo se reorganiza la familia real británica después de la renuncia de Meghan Markle y el príncipe Harry

Espectaculo 14 de febrero de 2020 Por Bajo la Lupa
Ante el revuelo mediático que generó la decisión de los duques de Sussex, intentan volver a la tranquilidad.
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Hay un poco de sobreactuación en los medios británicos cuando deciden bautizar un acto conjunto del príncipe Carlos y su esposa, Camilla Parker-Bowles con los duques de Cambridge, Guillermo y Kate Middleton, como los nuevos Fab Four. Los Cuatro Fantásticos era el nombre con el que se conocía a Los Beatles, y desde entonces tiende a abusarse de la etiqueta cada vez que la suma coincide.

Hacía nueve años que suegros y yernos no coincidían en un acto público. El heredero de la corona británica y el segundo en la línea de sucesión charlaron con los pacientes del Centro de Rehabilitación Médico de Defensa. Guillermo ensayó un par de tiros a canasta desde una silla de ruedas y su padre bromeó con la escasa habilidad demostrada. Bienvenido, aburrimiento. La casa de los Windsor ensaya con cuentagotas una imagen de normalidad institucional que deje atrás el mal trago que generó la renuncia de Meghan Markle y el príncipe Harry.

Isabel II está de retirada. A sus 93 años comienza a preparar el ánimo de sus súbditos, con gestos medidos, para una sucesión sin sobresaltos. Y es cómplice de su hijo Carlos en el intento de reducir a un tamaño manejable el número de miembros de la familia real con mando en plaza. Su mensaje televisivo navideño era una declaración de intenciones. Por el decorado, más que por el contenido.

 
 El príncipe de Gales y su esposa, Camila, quien ha logrado hacerse perdonar por el público conservador y monárquico su intromisión en el matrimonio de Carlos y Diana; al fondo, como guardián de la estabilidad, el consorte Felipe de Edimburgo; en el centro, en un alarde de relevancia, Guillermo, Kate y sus tres hijos; a la derecha, en blanco y negro, el difunto Jorge VI. La aparente solidez de la institución a lo largo de más de ochenta años turbulentos. La selección natural de los miembros más serios, responsables y previsibles de la estirpe para compensar las locuras y devaneos de los más atolondrados.

A la caza de alguna anécdota que salpimentara un acto necesariamente anodino, los tabloides se volvieron locos con la “poco habitual” imagen en el libro de visitas de las cuatro firmas de los invitados. Carlos y Camila, con pluma de trazo grueso y rúbrica final. Letras grandes y trabajadas. Guillermo y Catalina (Kate queda para los titulares), por debajo de los suegros. Letras menudas y nada de filigranas. Tinta de bolígrafo para una generación que huye de la pompa. Y eso fue todo. Los expertos en la realeza se esfuerzan en destripar de una visita rutinaria claves ocultas. El acercamiento, después de años de distancia, entre padre e hijo, como reacción de mutua defensa de sus intereses después del revuelo provocado por el ausente Enrique. La reivindicación de su papel central, alejado de excentricidades. La complicidad intergeneracional de dos mujeres como Camila y Kate, que han decidido jugar el papel de refuerzo emocional pero secundario, en beneficio de sus respectivas parejas, tan del gusto de determinada opinión británica.

El palacio de Buckingham reajusta el rompecabezas público de la institución y arregla los flecos sueltos. El príncipe Andrés, condenado al ostracismo por sus turbias relaciones con el millonario y pedófilo estadounidense, Jeffrey Epstein, se consuela con alguna muestra de cariño de su madre la reina. La princesa Ana, de 69 años, se dispone a asumir el cargo de capitán general de los Reales Infantes de Marina que su sobrino Enrique dejará vacante a partir de la próxima primavera. Mantiene una intensa agenda de actos públicos y es patrona de más de 200 instituciones benéficas. Conserva su pasión por los caballos y maneja con discreción el último divorcio de la saga, el de su propio hijo Peter Phillips de su esposa Autumn (Kelly, según reza su apellido de soltera), después de 12 años de matrimonio.

 
La cadena ITV se introdujo el año pasado en los pormenores diarios del Ducado de Cornualles, el conglomerado agropecuario y de gestión de tierras e inmuebles que ha gestionado el príncipe Carlos durante medio siglo y que ha garantizado su independencia económica. Además de ser su plataforma política para defender un mundo sostenible. Guillermo reconocía al entrevistador que ya ha comenzado a pensar en el legado que un día tendrá que gestionar. Y a su padre, confesó, se le cayeron las lágrimas al oírle.

De ese ducado han salido en los últimos años los seis millones de euros anuales que recibía el príncipe Enrique, y que tarde o temprano dejará de recibir. Los Cuatro Fantásticos no apuntan a momentos de gloria para la galería, más allá de las futuras coronaciones, pero con su alianza dejan claro que con determinadas cosas no se juega y que cuatro pueden más que dos cuando se trata de preservar lo único que siempre ha obsesionado a la Familia Real británica: su propia supervivencia para el siguiente medio siglo.

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