Boca-River, Supercopa Argentina: frente al desafío de quedarse con toda la gloria

Deportes 14 de marzo de 2018 Por
Edwin Cardona y Leonardo Ponzio, titulares en Boca y River; después de más de cuatro décadas, los archirrivales chocan en un partido con un título en juego; la expectación es enorme

La espera terminó. Hace meses que se viene jugando esta histórica final entre Boca y River. Años aguardando que vuelvan a estar cara a cara en una definición, como solo había ocurrido hasta hoy en el Nacional de 1976.

La capacidad hotelera de esta ciudad está colapsada. El "no, no tengo habitaciones disponibles" es una frase habitual en todos los alojamientos. La desesperación de los desprevenidos es tal que algunos hinchas decidieron alojarse en San Juan, y solo tocar suelo mendocino para ir al estadio, o directamente llegar poco antes del encuentro.

Hasta la tarde de ayer quedaban apenas 350 plateas techadas para cada parcialidad (a 3200 cada ticket) de las 40.000 localidades del Malvinas Argentinas, que lucirá repleto, y estaban agotados los vuelos directos a esta ciudad, tanto para hoy y mañana como para el regreso a Buenos Aires del jueves y del viernes. Luego de una jornada muy tranquila, en la que fue un martes más para la vida cotidiana de cada mendocino, después de las 19 la ciudad cuyana se sumergió en la efervescencia inevitable de un partido de fútbol que quedará en la historia, suceda lo que suceda.

Fue entonces cuando comenzaron a verse las primeras camisetas de Boca y de River en el centro de la ciudad. Ocurre que muchos viajaban anoche en micro (más de 14 horas de viaje) y hoy en avión (dos horas). En la previa del duelo entre River y Chacarita de hace 10 días, decenas de panfletos hubo en la Avenida Udaondo ofreciendo el viaje ida y vuelta en ómnibus: salían ayer y regresaban no bien concluía el partido. Algo similar ocurrió en las inmediaciones de la Bombonera el sábado, antes y después del agónico triunfo ante Tigre.

La locura superclásica colapsó también los vuelos. La única opción aérea para llegar al trascendental partido era -hasta ayer-, con una escala en el exterior. Por una cifra superior a los 14.000 pesos se podía viajar rumbo a Santiago, de Chile, dormir en el aeropuerto trasandino y llegar a Mendoza entre el mediodía y la tarde de hoy, para regresar a Aeroparque el viernes por la mañana, también vía Chile. Recién hay vuelos directos para el sábado.

Después de un imprevisto retraso de tres horas como consecuencia de problemas técnicos con el chárter de la empresa Flyest que lo trajo a esta provincia, Boca pisó suelo mendocino a las 18.52. Unos minutos después, cerca de 500 hinchas ovacionaron el ingreso del plantel de la Ribera en la puerta del Arena Maipú, en las afueras de la ciudad, lejos del ruido. Gritos, trompetas, bombos, banderas y vinchas colorearon la tarde, con el cerro Aconcagua como imponente testigo, Y una canción que viajó los 1050 kilómetros que separan a la Bombonera de Mendoza: "Que mañana, cueste lo que cueste..." Fue un bálsamo que hizo disimular el evidente fastidio del plantel y del cuerpo técnico por el contratiempo con el avión, que alteró todos los planes, incluido el saludo a los hinchas, la firma de autógrafos y las selfies.

Además de los convocados, dos futbolistas muy queridos por el grupo forman parte de la expedición azul y oro. Fernando Gago y Darío Benedetto se pierden este choque por lesión, pero quieren vivir de cerca todo lo que rodea a la gran final.

A River, en cambio, toda la organización le salió bien. Fueron dos días previos de mucha calma y tranquilidad. Alejado del frenesí y el bullicio de Núñez o Ezeiza, el plantel se recluyó en el Hotel Sofitel de Cardales, en Campana, a más de 50 kilómetros del Monumental para trabajar en soledad y concentrar desde anteayer por la tarde. El vuelo, previsto para las 19, despegó media hora más tarde y el plantel llegó cerca de las 22 a su morada, el Hotel Diplomatic.

Más de 1000 fanáticos esperaron en la puerta del hotel el arribo riverplatense. En la intersección de las avenidas Belgrano y Sarmiento, los comerciantes hicieron lo suyo, a pura venta de camisetas y banderas. El rojo y blanco se apoderó de la zona céntrica y los pedidos por el título y los gritos contra el máximo rival se repitieron una y otra vez, entre los que se destacaron el ya clásico: "El que no salta, abandonó", y una bandera que decía: "Muñeco no te vayas, River te ama". Como era de esperar en una cita tan importante, se acercaron hinchas de todo el país: desde Cariló, La Pampa, hasta Villa Ángela, Chaco.

Los organizadores prometen que aquellos que se descarguen la aplicación de la Supercopa Argentina tendrán Wi-Fi liberado en el estadio (con 300 antenas repetidoras de la señal). Además, quienes publiquen sus selfies podrán verse en la pantalla del Malvinas Argentinas. La organización invirtió 5.000.000 de pesos para contratar a la empresa estadounidense "Conectividad 100%", que montará el mismo sistema en las dos semifinales y en la final de la Copa Argentina de este año. Además, se confirmó que el grupo Los Totora animará el entretiempo de la gran final.

¿Cómo será el operativo de seguridad? Las puertas del estadio se abrirán a las 17.30 y habrá 1500 agentes afectados. Los controles se dividirán en tres "cordones": el primero será el más importante. Allí habrá cámaras y un sistema de identificación biométrica facial en vivo, que permitirá impedir la entrada de barrabravas, como así también de personas con antecedentes penales y/o prófugos de la justicia, quienes serán detenidos en ese instante.

Desde las 21.10 se terminarán las palabras y los pronósticos. Las fotos en blanco y negro de Rubén Suñé y su gol fantasma de 1976 le darán paso a los festejos en ultra HD, a su inmediata viralización en las redes sociales y al surgimiento de un nuevo héroe en esta historia que protagonizan Boca y River, River y Boca, en este capítulo, que sin dudas será inolvidable. Todo comenzará cuando el árbitro Patricio Loustau -otro protagonista que puede ser determinante- anuncie el inicio de esta edición de la Supercopa Argentina, tan especial como histórica.

Las formaciones:
Boca: Agustín Rossi; Leonardo Jara, Paolo Goltz, Lisandro Magallán y Frank Fabra; Nahitan Nández, Wilmar Barrios y Pablo Pérez; Cristian Pavón, Carlos Tevez y Edwin Cardona. DT: Guillermo Barros Schelotto.

River: Franco Armani; Gonzalo Montiel, Jonatan Maidana, Lucas Martínez Quarta y Marcelo Saracchi; Leonardo Ponzio; Ignacio Fernández, Enzo Pérez, Gonzalo Martínez o Juan Quintero; Rodrigo Mora o Ignacio Scocco y Lucas Pratto. DT: : Marcelo Gallardo.

Árbitro: Patricio Loustau

Estadio: Malvinas Argentinas

Hora: 21.10.

TV: Fox Sports Premium y TNT Sports

Boca-River. Rubén Suñé y Leopoldo Luque, actores determinantes de aquella exclusiva final

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El torneo Nacional 1976 es el único antecedente de una definición de un título entre River y Boca; un viaje entre el recuerdo del gol de tiro libre del Chapa que no logró bloquear el delantero y el presente

Es la cuenta regresiva para un partido histórico. Lo saben los jugadores, lo advierten los entrenadores y lo gritan los hinchas. Boca y River van a protagonizar una final después de casi 42 años, la segunda desde la instauración del profesionalismo en 1931. El único antecedente se remonta al 22 de diciembre de 1976, cuando en la cancha de Racing definieron el torneo Nacional de ese año, que se pintó de azul y oro con el gol de Rubén Suñé.

"En este tipo de partidos pueden ocurrir cosas inesperadas. Mi gol en aquel partido fue algo inesperado, porque quizá lo lógico hubiera sido que pateara al otro palo; también fue sorpresivo por el lugar en el que entró la pelota", recuerda el Chapa, en la charla conLA NACION, sobre el tiro libre que dejó inmóvil nada menos que a Fillol.

Leopoldo Luque fue titular en aquella final y, de alguna manera, tuvo responsabilidad directa en la caída de River: era el encargado de impedir que los jugadores de Boca remataran rápido los tiros libres, luego de una advertencia del árbitro Arturo Ithurralde de que dejaría ejecutarlos sin la necesidad de que la barrera estuviera armada. "Todo arrancó con un pelotazo que me tiraron a mí: piqué y no llegué. Gatti sacó rápido, hubo dos o tres toques, un foul, y yo era el que tenía que cuidar que no patearan rápido. Cuando el Pato estaba armando la barrera, Suñé le pegó y la clavó en un ángulo. Me faltó un metro para taparle el tiro; encima le pegó bárbaro, como un monstruo. Yo les había dicho a mis compañeros que estuvieran atentos porque, al jugar arriba, podía pasar que no llegara a tapar algún tiro libre. Y eso fue lo que pasó", afirma con el tono de quien entiende que la culpa no fue toda suya.

Antes de aceptar las preguntas, Luque ensaya un pedido. "Quiero que el clásico sea en paz, no sea una guerra. Quiero que sea una fiesta del fútbol. Tiene que ser una fiesta... y que gane River", enfatiza.

Aquel encuentro le dejó enseñanzas a Luque, que se anima a trasladarlas al presente. "En esta clase de partidos, lo principal es no distraerse, estar atento a todo. La concentración es clave hasta en un lateral. Y después, cuando uno tiene la pelota, hay que tratar de jugar bien. Porque en el fútbol es clave jugar bien para hacer la diferencia".

Desde la vereda de enfrente, Suñé resalta: "Es un partido sin favoritos, aunque Boca puede tener alguna ventaja porque viene mejor, con cinco o seis jugadores de jerarquía". Cree que Boca puede ganar el partido de contragolpe, pero deberá tener mucho cuidado de no perder la atención. No puede dar ninguna ventaja".

Luque también es de los que piensan que los 23 puntos que Boca le lleva a River en la Superliga no se verán reflejados en la Supercopa Argentina. "Todos los partidos son diferentes. Boca lleva una ventaja muy grande sobre River en el campeonato, pero los clásicos son verdaderamente partidos en el que no juegan los antecedentes. El que diga que no, que me dé una explicación válida. Además, Boca está muy bien en la tabla, pero bajó su nivel en los últimos partidos. Y River no está bien en puntos, pero ti ene jugadores de jerarquía", afirma. Y, convencido, agrega: "River no está jugando del todo bien porque los refuerzos recién se están acomodando, pero tiene un gran plantel y considero que contra Boca será el partido bisagra. Le tengo mucha fe, va a ser el partido para la levantada definitiva del equipo".

Para el campeón mundial con Argentina en 1978, el jugador que marcará el pulso de River en Mendoza será Leonardo Ponzio. "Si él anda bien, River va a funcionar y estará equilibrado. Y arriba hay jugadores que te pueden hacer un gol en cualquier momento". Claro que Luque también es consciente de la potencia de Boca: destaca que no es Tevez, sino Cristian Pavón el jugador a seguir de cerca: "River le va a tener que cerrar los espacios, es un jugador muy rápido. En diez metros puede sacarte cinco".

"Los jugadores deben estar más nerviosos que de costumbre y es lógico, porque esta vez el superclásico es una final", cuenta Suñé, que ganó una Copa Intercontinental, dos veces la Copa Libertadores y cuatro campeonatos locales con los xeneizes. Hace un tiempo no visita la Bombonera: los problemas en la rodilla izquierda le quitaron mucha movilidad. De todas maneras, sigue al detalle al equipo por televisión. "Lo veré con la familia", anticipa.

Antes de la despedida, Luque suelta una frase de quien se siente una suerte de cábala: "Hasta ahora no lo vi perder nunca a River en Mendoza. Esperemos seguir con la racha". Del otro lado, el deseo es opuesto. "Ojalá que vaya todo bien y que gane Boca", concluye Suñé, el autor de aquel tiro libre que entró en el terreno de la leyenda al no conservarse ningún registro fílmico.

Labruna y Lorenzo, aquel duelo de estrategos

Si hubo dos directores técnicos identificados con River y Boca en aquel tiempo, ellos fueron Ángel Labruna y Juan Carlos Lorenzo. Angelito, en 1975, cortó la racha de 18 años sin títulos de los millonarios; el Toto, con las conquistas de 1976 -los xeneizes también ganaron el torneo Metropolitano- inició un ciclo de éxitos que incluyó la Libertadores y la Intercontinental.

El torneo de 34 equipos que necesitó de un sponsor

Fue la primera vez que el fútbol argentino juntó a 34 clubes en un torneo, aunque el certamen, debido a los problemas económicos, necesitó de un sponsor : la empresa Nobleza Piccardo hizo el aporte.

Directo a jugar: el sorteo se realizó en el vestuario

Con 70 mil personas en la cancha de Racing y para que los jugadores entren concentrados en el juego, el árbitro Arturo Ithurralde hizo el sorteo en el vestuario: Suñé y Perfumo eran los capitanes.