Matías Ola sufrió hipotermia extrema al intentar cruzar el canal de la Mancha

Deportes 10 de septiembre de 2019 Por
El nadador tucumano de 34 años no pudo con las heladas aguas al intentar unir sin traje de neoprene los 42 kilómetros que separan a Dover, Inglaterra, de Calais, Francia. Su entrenador, Pablo Testa, lo rescató luego de siete horas de nado y Ola se desmayó: no recuerda cómo llegó al cuarto de su hotel.
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Matías Ola está en un hotel de la ciudad portuaria de Dover, en Inglaterra. Cuando se despertó, se encontró vestido, con ropa, frazadas y cosas tiradas por su habitación. No se acuerda cuándo ni cómo llegó ahí. Infobae lo llamó para entrevistarlo y él pidió permiso para ponerse los auriculares porque no podía soportar el peso del teléfono celular. Le dolían los brazos: había estado siete horas nadando en el canal de la Mancha. Quería unir la costa británica con Calais, Francia, en una travesía sin precedentes para un nadador argentino.

"Acepto la derrota, pero es amarga la situación de haberme sentido listo y preparado y que el frío me haya ganado".

"Para los ingleses era un domingo cálido: estaban todos en remera", contó Pablo Testa, el entrenador. Fuera del agua hacía más de 17 grados. Dentro del agua, la temperatura indicaba 16,4 grados. Quería atravesar a nado sin traje de neoprene el Paso de Calais, la distancia más angosta del canal de la Mancha. Era un desafío más en su proeza de completar los siete océanos, la versión en aguas abiertas de las siete cumbres –hacer cima en las montañas más altas del mundo–.

Había cruzado el canal de Catalina en los Estados Unidos y el estrecho de Gibraltar en España. No había podido surcar el canal de Molokai en Hawái ni el canal de Tsugaru en Japón por fuertes corrientes de viento. En esta oportunidad, no logró alcanzar la gesta por el frío: "Veníamos muy bien. Todo marchaba perfecto. Es cierto que el agua estaba más fría de lo que habíamos previsto, pero no pensábamos que íbamos a tener que suspender la prueba".

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A las 18 horas del domingo en Dover, el joven tucumano de 34 años saltó de la embarcación Louise Jane para zambullirse en las frías aguas del canal de la Mancha. Desde el barco, su entrenador Pablo Testa y la experimentada nadadora inglesa Jackie Cobell lo secundaban. El sol lo tenía a su costado derecho. Atardeció una hora y media después. Él había entrenado con aguas a 18 grados. "Haciéndose de noche, empezamos a tener temperaturas por debajo de los quince grados. Nunca me había sentido así. Empecé a ver que mis piernas no respondían. Esa fue mi primera crisis. No las podía mover, pero pensé que era solo un calambre. Seguí, seguí sin decirle nada a mi entrenador. Él me decía que pateara, que pateara. Después empecé a sentir que mi cuerpo temblaba. Traté de asimilar eso como algo normal. Cuando uno siente algo físico como obstáculo, piensa que es algo pasajero".

"El frío me llegó hasta los huesos y perdí el sentido".

"Íbamos tres horas y Matías me dice que no siente las piernas –contó su entrenador–. Esa fue la primera alarma. Le pedí que pateara más, que activara su patada para que desapareciera el frío. Empezamos a nadar muy rápido con un promedio de brazadas de 68 por minuto. Estaba volando en el agua. A las cuatro horas empezó a sufrir lo mismo. Ya era un signo evidente de hipotermia. Le dimos carbohidratos y, de suplemento, un shot de cafeína".

"Nadaba medianamente bien, pero a la hora empezó a evidenciar otro síntoma del frío. La hipotermia atraviesa diferentes facetas. En la primera fase, el cuerpo te avisa que quiere salir de ahí, quiere buscar refugio en otro lado. En la segunda fase, el cuerpo empieza a fallar. En la tercera fase, la mente no te responde. Yo lo llamaba y no me respondía, lo llamaba y balbuceaba. Yo me daba cuenta de que tenía frío pero él quería seguir nadando, tenía en su mente cruzar el canal", detalló.

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Matías dejó de escuchar el silbato de su entrenador. Había bajado el caudal de brazadas: de casi 70 a 42 brazadas por minuto. Iban siete horas de nado y había avanzado poco más de veinte kilómetros. Estaba a la mitad de la travesía cuando chocó dos veces contra el barco. "Cerraba hasta los ojos, no sabía para dónde nadar. Ahí me di cuenta de que lo tenía que sacar del agua", relató Pablo Testa, que en la superficie creía soportar un frío cercano a los dos grados.

"Lo único que recuerdo fue que el barco se acercó, Pablo me dijo 'tenés que salir'. Le pregunté '¿por qué?', me agarró el brazo, me subió al barco, me tiraron al suelo, me arroparon y no me acuerdo más nada. Después Pablo me dijo que le pedí que me abrazara", narró el nadador, que reconoció que le sorprendió que el frío le haya llegado hasta los huesos.

Matías dijo que si hubiese sido por él habría seguido nadando. Pablo dijo que es su trabajo protegerlo y que tomó la decisión para evitar que se desmayara. Los dos ya solicitaron permiso para volver a intentar el cruce del canal de la Mancha para el próximo verano europeo. "Tengo que entrenarme en temperaturas más bajas para ir aclimatándome al frío. Vamos a viajar a la Patagonia para practicar sobre aguas con temperaturas cercanas a los trece grados. Mi entrenador ya me dijo que necesito aumentar el peso y la masa muscular para sentir mi cuerpo más protegido", advirtió el deportista tucumano.

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