"Mi hijo tenía miedo y me contó que lo querían obligar a vender drogas dentro de la cárcel"

Policiales 12 de junio de 2019 Por
La denuncia la realizó Paola, madre de Jesús, quien murió el jueves pasado en el Penal de Concepción. Había sido condenado hasta el 2023 por robo agravado y lesiones graves. Semanas atrás debió ser internado con serias heridas en el Hospital Regional tras sufrir el ataque de otros reclusos.
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Jesús Farías tenía 24 años y su familia se enteró de casualidad sobre su muerte, hecho ocurrido el jueves pasado en la Unidad Carcelaria Nª3. El joven cumplía una condena de nueve años por robo agravado y lesiones graves.

El joven también estuvo detenido en Villa Urquiza años atrás y según sus padres, le decían que si no hacia lo que le ordenaban, lo iban a volver a trasladar hacia ese lugar.

"Mi hijo tenía problemas de adicciones y fue trasladado al Hospital Obarrio para que sea desintoxicado, pero lamentablemente y eso es extraño, lo volvieron a traer al penal en muy pocas horas" contó a BLL Paola Natalia Romay, madre del reo.

Farías fue encontrado sin vida en su celda el ultimo jueves y según informes oficiales, su deceso se produjo por ahorcamiento. 

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"Estuvimos juntos a su pareja el día anterior, el estaba contento, nos decía que cuando salga iba a trabajar, tenias ganas de vivir en paz junto a ella y su bebé" relató Paola.

"“La droga lo llevó a la cárcel. Pensábamos que con el encierro cambiaría, pero no fue así. En la prisión venden drogas sus compañeros y hasta los guardias. ¿Cómo podría curarse?”, dijo Romay. Con lágrimas en los ojos y quebrado emocionalmente, Miguel, padre de Jesús relató: "yo le decía que no se meta en  problemas y el me contestaba que tenía miedo porque se negaba a vender droga y que estaba amenazado".

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Dos días antes de que apareciera muerto en su calabozo, Frías había recibido una buena noticia. Al reo le habían aplicado una sanción por una pelea que habría protagonizada. Pero, en una audiencia que fue encabezada por la jueza de Ejecución de Sentencia Alicia Merched, quedó demostrado que en realidad había sido víctima de un ataque perpetrado por compañeros de encierro. En aquella oportunidad, según consta en el expediente, el joven había recibido al menos dos puntazos en distintas partes de su cuerpo.

Una fuente consultada detalló que la comercialización de fernet en el interior del penal es "normal" y que una botella llega a costar hasta 4 mil pesos.

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“Fue todo muy extraño. Jesús nos había dicho que había recibido esa herida porque el compañero de celda lo había atacado. Sin embargo, con su muerte, el defensor oficial nos contó cómo había sido el incidente. Dijo que entre tres y cuatro reclusos lo tiraron, lo taparon con una colcha y después lo apuñalaron. Creemos que lo mandaron a matar porque estaba denunciando a los guardias”, explicó Romay.

La jueza Merched le confirmó a LA GACETA que Farías venía denunciando el negocio ilícito desde hace varios meses y que la última ocasión fue el 30 de mayo. “Por eso intervine en la sanción que le impusieron. Fue totalmente injusta y arbitraria, como normalmente sucede en muchos casos”, explicó.

En las investigaciones que se desarrollan por el tráfico de sustancias en las unidades carcelarias, varios testigos coincidieron en señalar que los guardias “inventan” sanciones disciplinarias cuando se niegan a vender las sustancias que ellos le entregan.

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La pesquisa

El fiscal Edgardo Sánchez está al frente de la investigación de la muerte de Farías. El informe de la autopsia confirmaría la versión del suicidio, no así los resultados de las pericias toxicológicas. Los estudios revelaron que el fallecido habría tenido restos de psicofármacos (normal, si se tiene en cuenta que había sido medicado por sus problemas de adicción y depresión) y cocaína.

El investigador, según confirmaron fuentes judiciales, envió muestras para que sean analizadas en Salta. Con un informe cuantitativo, tratarán de establecer si al reo no lo drogaron para poder colgarlo, como se sospecha. Los resultados estarían listos dentro de un mes como mínimo.

“Lo único que queremos es que se sepa la verdad. Casos como el de mi hijo hay un montón. Muchos no dicen nada porque sufren las consecuencias. Ellos, los que manejan a los presos, pueden hacer cualquier cosa con los presos. Por eso las madres se callan. También tengo miedo, pero ya perdí un hijo y no me importa nada”, concluyó Romay.

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