Maná prodigó llamaradas de energía positiva

Espectaculo 05 de marzo de 2016 Por
Aunque el show comenzó tarde, la banda cautivó a sus seguidores y no les dio respiro durante más de dos horas
mana
Foto de Héctor Peralta

¿Veteranos? Sí. Y a mucha honra. Y también a muchísima energía. Más allá de que no tenga un perfil netamente rockero, Maná es una aplanadora musical que bascula entre las baladas más melosas y cursis y los rocanroles que despeinan a las señoras que van a sus shows en busca del romanticismo perdido. La fuerza y el fuego más grande provienen sin ninguna duda desde atrás de la escena, desde esa hoguera que es la batería de Alejandro González Trujillo, conocido entre los músicos y los fans como “El Animal”. Ni modo, como dirían los mexicanos.

El show en Central Córdoba, la segunda vista de Maná a Tucumán en sus 30 años de historia, estaba anunciado para las 22. Se hizo esperar casi una hora, pero a los 20 minutos del horario anunciado comenzaron a resonar los quejosos aplausos. Era un público impaciente, de una edad promedio de 40 años, buscando con urgencia esos hits de 15 años atrás. Maná, con el frontman “Fher” Olvera a la cabeza, por supuesto que se los dio, mechados con temas del último disco, “Camas incendiadas”. Uno y uno: un nuevo y un “viejito” para levantar al público.

El primer disparo fue “La prisión”, un tema de su último álbum de estudio. Es casi un concentrado de todo lo que tiene para ofrecer la banda que explotó en escena en 1987: algo de rock, un poco de swing latino, una dosis de sicus sintetizados para arrancar una bocanada de aires andinos, todo eso sazonado con una poesía entre la pasión y el despecho. La exitación aplastó la ansiedad cuando comenzó a sonar la guitarra de Sergio Vallín. Pero los modales definitivamente se prendieron fuego cuando apareció “Fher” en escena, una suerte de Mickey Rourke latino que a sus 56 años continúa siendo un sex symbol vigoroso e imparable.

“No hemos venido en mucho tiempo a Tucumán. Este es un público de lo más cariñoso en toda la Argentina y en el mundo”, aduló el cantante, rememorando aquella primera presentación en la provincia, hace 15 años.

Fiel al discurso que sostiene la banda que nació en el underground de Guadalajara, una voz en off recitó un mensaje entre sensiblero y aniñado exhortando a la defensa de la ecología y el medioambiente. Ya en vivo, “Fher” tomó el micrófono y expresó su manifiesto: “no es el hombre el que va a salvar a la Tierra. Si la Tierra se sigue sintiendo amenazada, ella misma echará pa’ fuera al hombre y seguirá girando como si nada hubiese pasado”. Fue el preludio a un apagón total en el que sólo quedaron encendidos los flashes de los celulares, como estrellas entre el público conmovido. Y fue el preludio también del hit “Cuando los ángeles lloran”, que denuncia el asesinato del activista brasileño Chico Mendes, apenas un año después de que Maná saliera a la luz con su álbum homónimo. Era el quinto disparo de una ametralladora que no daba respiro entre canción y canción, con poco palabrerío y mucha música.

Después de “Qué ironía”, “Mi verdad” y “En el muelle de San Blas”, el guitarrista tucumano Daniel Amani subió al escenario para acompañar con su guitarra la canción “Me vale”. Él fue el ganador del concurso promovido por LA GACETA y el músico local supo aprovechar la oportunidad, luciéndose en un duelo con el guitarrista de la banda.

Las primeras llamaradas llegaron puntualmente a las 12 de la noche. El escenario comenzó a escupir fuego, dándole paso a un arrollador solo de batería de González Trujillo. Fueron 15 minutos que parecieron desincronizar los corazones del público, que no tuvieron más opción que percutir al ritmo del doble masa de “el animal”.

Durante más de dos horas Maná prendió fuego las camas y los sentidos del público tucumano, que agradeció la visita con el mismo elemento que le ha dado nombre a la banda y que tiene su origen en la cultura polinesia: “Maná” es “energía positiva”.

Hazaña técnica y musical.- El mayor artificio del escenario se vio durante el espectacular solo de batería de Alejandro González Trujillo: además de las piruetas a las que tiene acostumbrado a su público (toca de espaldas con las manos hacia atrás, se sube al banco de la batería y salta con el mismo ritmo de la música), su instrumento estaba montado sobre una estructura levadiza que entró en acción cuando habían pasado 10 minutos desde que el batero comenzara a tocar. El público deliró con este artilugio técnico y con la destreza indiscutible del músico mexicano, uno de los miembros fundadores de la banda.

Noveno disco.- “Camas incendiadas” es el noveno disco de estudio de Maná. Los primeros cortes comerciales, y que ya perfilan como los nuevos hits de la banda mexicana, son “La prisión” -con la que abrieron el show- y “Mi verdad”.

Buena organización.- Más allá de la demora en el comienzo del recital, la organización fue muy prolija, la distribución cómoda y la calidad de sonido y de imagen, óptimas.

Precio y calidad.- “Caro, pero valió la pena”, era el comentario que se escuchaba promediando el show. Maná no desilusionó ni vendió espejitos de colores.

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